¿Colaboramos en una colaboración colaborativa para colaborar?

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Ah, la colaboración. Qué palabra tan hermosa, tan llena de promesas de cooperación, de trabajar juntos por un bien común. Pero en el mundo moderno, parece que hemos llegado a un punto en el que «colaborar» se ha convertido en una palabra de moda, utilizada para disfrazar lo que realmente es una transacción comercial. ¿Quién no ha recibido esa oferta tan seductora de «colaborar» con una empresa solo para descubrir que se trata, en realidad, de trabajar gratis o a cambio de una miseria? En este artículo, desnudaremos la verdad detrás de la «colaboración colaborativa para colaborar» y expondremos la falta de decencia de quienes intentan ocultar su naturaleza comercial bajo un manto de falsa cooperación.

Vamos a definir los términos de «comercial» y «colaborar», exploraremos los derechos y obligaciones que conlleva cada uno y examinaremos la mala praxis en el uso de estas palabras. Finalmente, ofreceremos consejos prácticos sobre cómo identificar a un verdadero colaborador frente a un comercial encubierto. ¡Prepárense para una buena dosis de sarcasmo y claridad!

Ser «comercial» no es algo malo en sí mismo. De hecho, es la esencia del intercambio económico. Un acuerdo comercial implica un intercambio claro y definido de bienes o servicios por una compensación. Aquí no hay lugar para ambigüedades: cada parte sabe exactamente qué espera recibir y qué debe entregar a cambio. Las empresas tienen el derecho y la obligación de especificar estos términos de manera transparente para evitar malentendidos y disputas.

En un contexto comercial, las obligaciones están claramente delineadas por contratos o acuerdos escritos. Estos documentos detallan las responsabilidades de cada parte, los plazos, las condiciones de pago y las consecuencias en caso de incumplimiento. No hay lugar para interpretaciones subjetivas; todo está negro sobre blanco, como debe ser en cualquier transacción seria. Las leyes que regulan estos acuerdos protegen tanto a las empresas como a los consumidores, asegurando que todos jueguen con las mismas reglas.

El derecho a la compensación justa es fundamental en cualquier acuerdo comercial. Nadie trabaja gratis (o no debería), y cualquier intento de minimizar o disfrazar la compensación como algo menor es, simplemente, un abuso. Las empresas tienen la responsabilidad de valorar adecuadamente el trabajo y compensarlo de manera justa, cumpliendo con las normativas laborales y fiscales vigentes. ¿Suena lógico, no? Pues no parece ser tan obvio para algunos.

Ahora, hablemos de la colaboración, la verdadera colaboración. Colaborar significa trabajar juntos hacia un objetivo común, compartiendo recursos, conocimientos y esfuerzos de manera equitativa. No se trata de un intercambio puramente comercial, sino de una relación en la que ambas partes contribuyen de manera significativa y obtienen beneficios mutuos. Es una danza delicada de dar y recibir, no una mera transacción.

En una verdadera colaboración, las obligaciones también existen, pero son más fluidas y basadas en la reciprocidad y el respeto mutuo. No hay contratos rígidos, pero sí acuerdos claros sobre los roles y las expectativas de cada parte. Aquí, la confianza y la comunicación abierta son esenciales para el éxito del proyecto. Cada colaborador tiene la responsabilidad de cumplir con su parte del trato, pero también el derecho a esperar una contribución justa y equitativa del otro.

El derecho a la autoría y el reconocimiento es crucial en cualquier colaboración. No estamos aquí para trabajar en las sombras mientras otros se llevan todo el crédito. Las contribuciones de cada colaborador deben ser reconocidas y valoradas de manera justa, ya sea en términos de menciones públicas, derechos de autor, o cualquier otro tipo de reconocimiento que corresponda. Después de todo, ¿qué sentido tiene colaborar si no se valora y reconoce el esfuerzo compartido?

Y aquí es donde las cosas se ponen feas. La mala praxis en el uso de la palabra «colaborar» es rampante. Empresas sin escrúpulos han adoptado esta palabra para disfrazar ofertas de trabajo mal pagado o incluso no remunerado. Lo que debería ser una colaboración equitativa se convierte en una explotación descarada, donde uno pone el esfuerzo y el otro recoge los frutos sin ninguna intención de compensar adecuadamente.

Esta mala praxis no solo es deshonesta, sino también perjudicial para la confianza en las verdaderas colaboraciones. Cuando una empresa pide «colaborar» pero en realidad solo quiere ahorrarse unos euros, está minando la confianza y el espíritu de cooperación genuina. Esto lleva a una desvalorización del trabajo y a una falta de respeto por los profesionales que merecen ser remunerados justamente por sus esfuerzos.

El uso engañoso de la palabra «colaborar» también puede tener repercusiones legales. Según las leyes laborales, cualquier trabajo realizado debe ser adecuadamente remunerado, y disfrazar un trabajo remunerado como una colaboración voluntaria puede llevar a sanciones legales y demandas por parte de los trabajadores afectados. Es fundamental que tanto empresas como trabajadores estén bien informados y sepan distinguir entre una colaboración auténtica y una explotación encubierta.

Entonces, ¿cómo podemos evitar caer en la trampa de la falsa colaboración? Primero, siempre busca claridad. Pregunta directamente sobre la naturaleza del acuerdo: ¿se trata de una colaboración real donde ambas partes contribuyen y se benefician mutuamente, o es simplemente un trabajo por el que deberías recibir una compensación? No temas exigir detalles específicos sobre tus derechos y obligaciones.

Segundo, evalúa las expectativas. En una verdadera colaboración, ambos lados deben tener expectativas claras y razonables. Si una parte parece estar obteniendo mucho más beneficio que la otra sin una compensación adecuada, es una señal de alerta. Asegúrate de que los términos del acuerdo sean justos y equitativos, y no dudes en negociar hasta que lo sean.

Finalmente, infórmate sobre tus derechos legales. Las leyes laborales están diseñadas para proteger a los trabajadores de abusos y explotaciones. Conocer tus derechos puede ayudarte a identificar y evitar acuerdos desventajosos. Si alguna vez sientes que una «colaboración» no es más que un disfraz para un trato injusto, busca asesoramiento legal. La claridad y la justicia deben prevalecer en cualquier relación profesional

En resumen, mientras que la colaboración auténtica puede ser una experiencia enriquecedora y beneficiosa para todas las partes involucradas, es esencial estar alerta ante quienes intentan encubrir transacciones comerciales desleales bajo este término. La falta de transparencia y la explotación disfrazada de cooperación no solo perjudican a los individuos, sino que también erosionan la confianza en el sistema económico en general. Es hora de desenmascarar estas prácticas y exigir claridad y justicia en todas nuestras interacciones profesionales.

Recuerda, el valor de tu trabajo merece ser reconocido y adecuadamente remunerado. No permitas que la palabra «colaborar» sea utilizada como una herramienta para devaluar tu esfuerzo. Exige siempre términos claros y justos, y no dudes en recurrir a la legislación laboral para proteger tus derechos. Solo así podremos fomentar un entorno donde la verdadera colaboración pueda florecer, basada en el respeto mutuo y el beneficio compartido.

Y si queréis ver artículos que os puedan servir de ayuda, os recomiendo ver el blog :
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Así que, queridos emprendedores y autónomos, si habéis llegado hasta aquí seguro que esperas el próximo post, aunque quizás tengas una petición especial. Nos vemos el próximo lunes.

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2 comentarios

  1. Hola Endika, totalmente de acuerdo contigo. Estas prácticas de disfrazar como colaboración el trabajo «por la cara» son cada vez más frecuentes y tambén el ofrecer servicios llámandolo colaboración y en realidad te venden un servicio. Al final lo que hacen es pervertir la palabras colaborar o colaboración. Todas las semanas recibo alguna propuesta de este tipo y casi ninguna son realmente una colaboración…

    1. Buenos días Esther, efectivamente no saben la definición de la palabra colaboración, pero lo más divertido es que se enfadan si se lo dices y les plantas la verdad por delante. A mi también me sucede, pero mi estrategia es: Primero les dejo hablar, y luego les informo que no me interesa, si cortan ahí, ni tan mal. Si siguen insistiendo, entonces les comunico su fallo y se les arruina el día, jejeje. Muchas gracias por leer el artículo y comentarlo. Que tengas un buen día.

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